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Vivencias con grandes maestros

La Voz de Galicia, 25 Enero 2009

«Atesoro vivencias con grandes maestros de la filosofía»

El profesor Mádhana, pionero en la introducción del yoga en Galicia, inició su aventura espiritual en el Londres de los 70

 

 

En 1977, dos años después de la muerte de Franco, un joven vigués pausado, pero inquieto, se plantaba en su ciudad de nacimiento tras haber recorrido el mundo, y montaba la primera escuela de yoga de Galicia y prácticamente de toda España. Era Manuel Agulla Castro, rebautizado como Mádhana por su maestro Suami Vishnu Devananda, uno de los grandes introductores del yoga en Occidente. Cuando empezó, sus intenciones eran, como mínimo, sospechosas. Para el españolito de aquellos tiempos, el yoga era una «cosa rara» y el único yogui reconocido era el que vivía en el parque de Yellowstone robando cestas de comida a los excursionistas. Manuel recuerda incluso que el hecho de ser vegetariano era algo insólito: «Hasta hubo médicos que llegaron a decirme que con esa dieta era imposible vivir». El panorama ha cambiado. Treinta y un años después, Mádhana es un reconocido experto en la ciencia y la filosofía del yoga y su trabajo es una actividad completamente normalizada en la vida cotidiana.

 

Mádhana inició su conocimiento práctico del yoga cuando estaba en Londres: «Me fui allí buscando. Uno se convierte en una especie de buscador para encontrar sentido a la vida. Estudiaba literatura inglesa, pero acabé siguiendo las enseñanzas del maestro Vishnu Devananda tras escucharle en una conferencia. A partir de ahí le seguí y empecé esta aventura del espíritu», cuenta. De acuerdo con la tradición hindú, el discípulo se fue a vivir en contacto con el maestro para aprender de él en la India, en Canadá, en Estados Unidos, en diferentes ashram (lugares de meditación donde conviven profesores y alumnos, centros que Mádhana llama «universidades del saber interior»).

 

El profesor vivió en la capital británica en una época mítica de la historia moderna, en pleno fervor del movimiento hippy, enamorándose de la India casi al mismo tiempo que The Beatles. El vigués fue partícipe de esa búsqueda que miraba hacia Oriente, y repite una frase de Tagore: «Occidente es como tener los ojos abiertos mirando al mundo, Oriente es como cerrar los ojos para buscar dentro de uno». Esa cree que fue su mejor combinación: «compaginar la vida cotidiana con el desarrollo y el perfeccionamiento del individuo como tal. La gente cree que practicar yoga es renunciar a la vida o ser una especie de misionero, y no es eso. El yogui no niega la vida, la vive con plena conciencia», asegura.

 

Con los Bee Gees y Sting

 

Pero antes de alcanzar el equilibrio cuerpo-mente, Mádhana fue un afortunado aprendiz de la vida: «Fue una época de vivencias extraordinarias. Cuando nadie viajaba, excepto los que tenían que emigrar por necesidad, yo me movía por medio mundo. En Londres conocí a los Bee Gees, porque tenía mucha amistad con Robert Stigwood, su mánager y productor de películas como Fiebre del Sábado noche o musicales como Hair », recuerda. «Una vez fuimos juntos a comprar un castillo. Para él, claro», matiza. Con Sting coincidió en un curso que impartía el maestro Pattabi Jois, rememora mientras señala una foto realizada en casa del músico inglés en Londres.

 

Para poder autofinanciarse, Manuel se ocupó en empleos diversos, aunque entre unos y otros regresó temporalmente a Vigo para hacer la mili: «Trabajé en un banco en Cavendish Square. Vivía en el mismo edificio que el dueño y nos venía a buscar un chófer en un Rolls Royce granate». También se empleó en el lujoso Hotel Claridge, llevando el trolley de la fruta para servir a reyes como Hussein de Jordania, en el London Hilton como mozo de habitaciones o fregando platos en un wimpy bar .

 

El valor de lo intangible

 

Aunque volvió a Cambridge a hacer algún curso, Mádhana nunca terminó sus estudios de literatura inglesa. Una vez imbuido en esa búsqueda interior, lo cambia por la India y estudia filosofía en la Universidad de Mysore.

 

Como era previsible, Manuel es un yogui que valora más lo intangible que lo material: «Lo que atesoro son mis vivencias con grandes maestros en el ámbito de la filosofía, mentes brillantes y preclaras, transmisores de una tradición milenaria», cuenta. El profesor opina que «hay un culto al cuerpo pero no se cultiva la propuesta real del yoga y su filosofía, que es el conocimiento de aquello que nos hace humanos, la mente. La gente se queda en lo externo, en la piel de yoga, en las posturas. Pero aquellos que se atreven a adentrarse un poco más descubren el equilibrio y la serenidad».

 

Al yoga le ha salido un competidor fuerte, el método Pilates, pero la moda no le preocupa: «Mucha gente que prueba Pilates acaba volviendo al yoga o buscando algo más. No digo que no sea beneficioso, pero lo que más practicaba Joseph Pilates, era yoga, que lleva miles de años», indica.

 

En Sananda, el centro que inauguró hace más de 30 años, además de dar a conocer a los alumnos las técnicas del yoga, da cursos en cuatro idiomas para formar a profesores de yoga llegados de diferentes países. «Estoy en Vigo porque tengo que estar, pero Sananda es ya un centro de referencia mundial y me muevo por todo el mundo dando cursos», afirma con orgullo.

 

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